“Scarlet Road”, sexo y discapacitados en el Human Rights Film Festival de Donostia

Una visita obligada al Festival de Derechos Humanos de San Sebastián en el que este año hemos podido conocer a Rachel Wotton, la protagonista de “Scarlet Road. A sex worker’s journey”.

Rachel pertenece a esa clase de personas que, un día, cruzan el límite de aquello que la mayoría jamás nos plantearíamos ni tan siquiera hacer. Rachel es trabajadora sexual para personas con discapacidades (desde mentales hasta físicas).

Ella es rubia, risueña, inteligente y culta. Como una gran profesional, separa su vida laboral de la personal y es capaz de llevar con normalidad una relación personal, a la vez que se entremezclan la pasión por su trabajo y por sus seres queridos.

Rachel proporciona momentos y experiencias sexuales a personas que son marginadas socialmente de este ámbito por sus discapacidades. Te lo cuenta con naturalidad. Te muestra el lado más amable, y el más amargo. Rachel busca colaboradores y apoyo por todo su país, Australia, y sueña con encontrar trabajadores sexuales para discapacitados en otros países del mundo. Parece un gran proyecto, apasionante, y del que te enamoras con facilidad.

Pero detrás de esa sonrisa se esconde un mundo muy duro, de soledad, aislamiento, y lucha diaria para los enfermos y sus familias. El cuidado de personas dependientes es un trabajo muy muy duro que sólo aquellos que lo conocen entienden la dificultad del traspaso de límite que lleva a cabo Rachel. Ella proporciona momentos sexuales que liberan a los enfermos por un rato de su mundo de atudaras. Para eso, Rachel aprende a darles de comer a la boca, a cambiarles los pañales, a ducharlos, a moverlos con la grúa a la cama… conoce a fondo el funcionamiento de la rutina que mantiene vivas a las personas, y sin las cuales no sobrevivirían dada nuestra condición animal, a veces escondida tras el mundo emocional en el que nos envolvemos.

Así que tras tomar conciencia de todos los procesos que hacen al enfermo persona, queda con ellos y les ofrece un momento sexual, que requiere de consciencia, de voluntad, de albedrío, y que devuelve a los enfermos al mundo de los hombres humanos, sensuales y sexuales, deseosos y excitables, que aprecian las caricias, y el soplar del aliento en la nuca, como cualquier tipo corriente.

Los que vemos más allá podemos ver en este reportaje el planteamiento de dos difíciles cuestiones: la necesidad del entendimiento del trabajador sexual como profesional y su labor social, y la complejidad de dar una vida plena y digna a personas limitadas. Ambos dos, tabúes sociales en prácticamente todas las culturas. El derecho al sexo va implícito al derecho a la vida plena y digna, algo que, cada día, es menos tenido en cuenta por las multinacionales farmaceúticas y la industria de la medicina, empeñadas en someter a las personas a máquinas y medicinas que aíslan, adormecen y anulan a las personas, lejos de permitirles vivir, lo que puedan y como puedan, plenamente, en este mundo animal al que pertenecemos y en el que hemos nacido.

Bien por Rachel.

Ver vídeo de Scarlet Road

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