El aplauso de la ópera

La ópera Carmen del maestro Bieito azotó con fuerza el sábado 15 de febrero el Palacio Euskalduna de Bilbao, mientras todos los objetivos y retinas del mundo blogger de moda apuntaban a la Fashion Week de Madrid.

Yo siempre digo que las mejores pasarelas están en los espectáculos más recónditos y, sin defraudarme, mi intuición no me falló.

Acerté. Acerté en que era un momento especial. Los bilbaínos tienen un gran sentido de la moda. Acerté también en que tenía que arriesgar y apostar por un caballo ganador ¿Qué me podía poner para ir a la ópera a Bilbao? Un David Delfin del 2012 que tengo sería una jugada divertida y maestra.

La obra, por su parte, ambientada en los años 50-60, si bien mantenía las partituras musicales originales, cambiaba vestuario, época y escenografía. Y claro, fue toda una revolución. Los espectadores más longevos se quejaban en directo con susurros, gemidos, y puffs de desacuerdo, de lo poco que les gustaba ver a la Carmen de Bizet con camisa atada al pecho y falda tubo con aberturas en los laterales. Acusaban en vivo a la obra de trasnochada e irrespetuosa y en la cola del baño se oyeron comentarios del pelo “esto no es Carmen” o “Me faltan los vestidos de la época“.

Me recorre un escalofrío al escribir esto y, pensar en qué duros somos como público y qué arcáicos a la hora de recibir nuevas propuestas.

Yo que era la primera vez que veía Carmen en escena disfruté de las voces, y de un montaje que era todo un ejercicio de creatividad dentro de una expresión artística, como es la ópera, polvorienta y artrítica.

De alguna forma pienso que mi vestido y la obra de Carmen de Bieito eran similares: mi vestido era un vestido negro de noche escotado, pero tenía trampa. Bueno, para ser sinceros, tenía un trampantojo. El escote de la espalda es falso. Es un efecto visual. Ante los comentarios de “Es Carmen, pero no lo es” pensaba yo “es un vestido escotado de noche pero no lo es…“.

Al final del espectáculo hubo gente que pataleó. La pataleta se filtró entre los vítores y bravos y el aplauso de la ópera se deslavó en un triunfo desteñido ¡Qué sorpresa esta rabieta del público ante una obra magistral para una advenediza boquiabierta como yo!

Y es que el mundo del arte es así: bello y cruel. Será mejor trabajar sin complejos el ejercicio de la creatividad como Bieito, y dejar el apláuso de la ópera en el cajón de los trinos de la alborada. Si suenan, el día será más bonito. Si no, el sol brillará con fuerza igualmente.

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Vestido: David Delfin
Bolso: Blanco
Zapatos: Gloria Ortiz para El Corte Inglés
Estola: Zara
Escenarios: Palacio Euskalduna y NH Villa de Bilbao

One thought on “El aplauso de la ópera

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